Irán y las grandes potencias de Occidente: un histórico acuerdo nuclear

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Luego de años de confrontaciones, seis potencias del grupo P5+1 (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China, Francia y Alemania) e Irán han llegado a un acuerdo acerca del programa nuclear de la República Islámica. El objetivo de este consenso tiene un carácter exclusivamente pacífico para las actividades atómicas persas y consiste en premiar, con ciertas condiciones, a Irán, al otorgarle la derogación gradual de las sanciones internacionales que afectaban su economía, que fueron adoptadas ante la incertidumbre acerca de su programa nuclear.

El resultado más inmediato del acuerdo es impedir, durante un mínimo de diez años, el acceso de Irán a la bomba nuclear. En este sentido, se limita el nivel de enriquecimiento de uranio por Irán al 3,67%, para que sólo pueda utilizarse con fines civiles y no para la construcción de bombas atómicas. Así, se obliga a Irán a desmantelar temporalmente más de dos tercios de sus 19.000 centrifugadoras para el enriquecimiento de uranio. Durante una década, la República Islámica sólo estará autorizada a utilizar 6.104 de esas instalaciones. Entre ellas, solamente 5.060 podrán producir combustible para la única central eléctrica nuclear del país, y eventualmente las demás tres o cuatro, cuya construcción está programada en los próximos años con la ayuda tecnológica de Rusia.

Asimismo, este pacto prevé mantener el embargo internacional sobre suministros de armas a la República Islámica durante 5 años, mientras que el embargo unilateral de Estado Unidos sobre la venta a Irán de tecnología para misiles balísticos, permanecerá durante 8 años.

La comprobación de este cumplimiento estará encargada al OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica), que ya efectúa inspecciones y controles sobre el programa nuclear de Irán. Por tanto, el levantamiento progresivo de las sanciones contra este país no podrá empezar antes del primer semestre de 2016, después del informe definitivo que el OIEA prevé emitir en el próximo diciembre sobre la naturaleza del programa atómico persa.

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Un poco de historia

Irán comenzó su actividad atómica hace más de cinco décadas, cuando el país estaba bajo el control del Sha Mohammad y Teherán era un fiel aliado de Washington. Fue entonces, a mediados de los años cincuenta, cuando el país emprendió su programa nuclear tras llegar a un acuerdo con el Gobierno de EEUU, el cual proveyó a Teherán de un reactor nuclear y diversa tecnología para el desarrollo de energía. Pero las cosas empezaron a torcerse en 1979, cuando el Sha es depuesto del poder y toma el control del país el ayatolá Ruhollah Jomeini, quien se convierte en poco tiempo en el mayor enemigo de EEUU en la región. Por esas fechas, EEUU rompe el pacto atómico con Irán e interrumpe el suministro de uranio enriquecido para su reactor nuclear. Sin embargo, en 2002 se descubre la existencia de la planta nuclear secreta de Natanz y el reactor de agua pesada de Arak. En diciembre de ese mismo año, EEUU acusa a Teherán de “perseguir la fabricación de armas de destrucción masiva”. Irán accede en 2003 a las inspecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que encuentra en Natanz trazas de uranio enriquecido a altas densidades, suficientes para la fabricación de una bomba. Dos años después, en 2005, la ONU asegura que Irán está incumpliendo el Tratado de No proliferación Nuclear y meses más tarde el organismo internacional impone duras sanciones contra Teherán para frenar su programa nuclear. La imposición de las sanciones a Irán, sin embargo, no hizo que deje de enriquecer uranio, sino más bien todo lo contrario. Las cosas empeoran y las relaciones entre Irán y EEUU entran en su peor momento cuando Washington lanza ciberataques a la planta nuclear de Natanz para destrozar esta infraestructura. El ataque dañó seriamente la instalación, lo que enfurece a Irán, pero lo obliga a sentarse en la mesa de negociaciones. Desde ese momento, las potencias occidentales, incluido EEUU, se han sentado a negociar en numerosas ocasiones con los líderes iraníes, sin ser capaces de llegar a ningún acuerdo.

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¿Y el petróleo?

Con un mercado sobreabastecido y con el crecimiento global flojeando, el incremento de la producción petrolera por parte de Irán va a presionar a la baja los precios del petróleo y a agudizar la lucha por la cuota de mercado entre los productores. Sin embargo, será un movimiento gradual, según los expertos.

Desde la última ronda de sanciones, en 2012, la producción de crudo del país ha caído dramáticamente, según explica Tom Pugh, de Capital Economics. Irán ha dejado de exportar en este tiempo aproximadamente 1,2 millones de barriles diarios hasta situarse en la actualidad por debajo de los 2,8 millones de barriles. Según Bijan Namdar Zanganeh, ministro iraní, tan pronto como se levantaran las sanciones Teherán de recuperaría sus niveles de producción. En apenas unos meses Irán produciría unos 500.000 barriles de petróleo adicionales y otros tantos más en los seis meses siguientes.  Sin embargo, analistas de Goldman Sachs insisten en que las previsiones iraníes son demasiado optimistas, ya que por mucho que el régimen haya almacenado en estos años un número considerable de barriles que puede sacar con rapidez al mercado, poner en marcha pozos cerrados durante años y con tecnología obsoleta no es tarea fácil ni barata. En este sentido, es improbable que haya mucho crudo adicional iraní llegando al mercado este año. Puede haber un repunte inicial de la oferta si Irán tira de su stock, pero elevar la producción a los niveles anteriores a las sanciones va a llevar mucho más tiempo.

 

Fuentes: El País, El Mundo.

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